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NOTAS SOBRE LA SERIE VIEJO DESVÁN

En un sentido amplio, bajo este título se engloban una serie de cuadros rotos o semi-rotos, muchos de ellos solo fragmentos, como consecuencia de que lo inservible, lo deteriorado, lo que se retira de la utilización corriente, lo que ya no tiene sentido para su aprovechamiento, todo eso se recluye en el desván con el adjetivo de lo viejo.

Para su análisis habría que destacar dos aspectos: El aspecto formal, por un lado y el objetivo perseguido, por otro.

Desgarro-en-azul

Aspecto formal. Todo cuadro, cualquiera que sea su data de ejecución, escuela, tendencia, etc., se ve afectado por todo lo que le rodea en su colocación. Desde el color de la pared, hasta los muebles de su entorno, pasando por la dirección de la luz adoptada en su iluminación. Pero si esto, en general, es así, en los cuadros rotos, con parte del bastidor al descubierto, la ubicación de los mismos es determinante

En esta serie, el bastidor adquiere un protagonismo especial, puesto que sin dejar de ser soporte, que es su función específica, se convierte en materia del propio cuadro y, por tanto, en forma; una forma más de la composición general. El color, los matices, las manchas, etc., con los que pueda ser tratado, adquieren el mismo valor que el resto de la obra.

Homenaje a Zurbaran-1 copiaSe plantea así una doble situación del cuadro: una situación fija, estable, producto del tratamiento normal de cualquier obra, en cuanto textura, color, formas, etc., y una situación cambiante, cuya mutabilidad estará en función de su propia ubicación. Esto es debido a la incorporación al conjunto del cuadro del trozo de superficie o pared que se divisa dentro del bastidor. Ello implica una nueva textura, lisa, rugosa, deteriorada, etc., según sean sus características; implica, así mismo, un nuevo color y una nueva forma que es la sombra proyectada por la situación de la luz.

Por consiguiente, la colocación del cuadro es determinante para la definición de este tramo, pero que también afecta, sin lugar a dudas, al resto. Como decía Matisse “ningún color tiene valor por si mismo, sino que está en función del color que tiene al lado.” Y Mondrian añade que “la dimensión del tramo de color altera su valor.”

 

Objetivo. Toda obra que contenga algún elemento figurativo, sea cual sea su grado de parecido o similitud con el objeto representado, tiende a crear una ilusión de imitación real. Es la vieja teoría de Ortega y Gasset al considerar el marco como una ventana que se abre a un mundo ficticio con pretensiones de apariencias reales. El protagonismo del bastidor como parte del cuadro, no figurado sino auténtico, lo que hace es descubrir la tramoya de toda la obra, poniendo de manifiesto lo que hay de ficción, que se trata tan solo de pintura, de algo pintado, donde la copa de vino no es una copa de vino, ni el perro es un perro, etc., Al igual que Magritte, “esto no es una pipa.”

En definitiva, se trata de poner en evidencia la contradicción entre lo figurado y la realidad. Es asumir que los Reyes Magos no existen o poner al descubierto el truco del ilusionista.

 

Carácter. Este descubrimiento, como todo desvanecimiento de un ilusión, se hace con dolor, con desgarro, con drama. Al igual que en la arqueología, los restos encontrados aluden al tiempo transcurrido y sus inexorables efectos, pero también dan testimonio de sus vivencias. Hablan de su historia.

Todo ésto queda reflejado en la textura como resultado final de la obra. El carácter no está en el argumento, ni en una narración. Está en la propia factura matérica con que se ha realizado. Deviene así como las señas de identidad del cuadro.

Ver el resto de la obra aquí

 

Francisco Cruz de Castro

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